Este fin de semana tuvo lugar el encuentro de familias de la ECAI. Es el tercero que se celebra desde mi firma del contrato, el segundo al que asisto y el último –eso espero- al que voy sin estrenar maternidad.
Los encuentros de familias siempre son positivos, compartes experiencias, conoces personas interesantes y te acercas todo lo posible a la realidad del proceso. Hay quien prefiere no ir, a quien le duele ver a otros niños mientras espera al suyo y quien se limita a seguir su vida sin más, como si el niño no existiese de alguna manera desde el mismo momento en que se inicia el proceso. Son diferentes modo de vivirlo, y cada uno es el adecuado para cada persona, pero en mi caso, estas reuniones, tan emotivas, estos contactos con el país y con otras familias, han sido, y son, el pan de cada día de espera. Les diría a los que comienzan ahora que vuelquen todas sus fuerzas en no hacer de la espera un calvario. La espera es larga, muy larga, y cuando ves a los niños te mueres de las ganas, pero hay tanto bello en la espera si uno quiere…
Si os habéis fijado estoy escribiendo como si mi espera hubiera llegado a su fin, y aunque no es exactamente así, veo el final, aunque ignore si ese final se encuentra a cuatro u ocho meses. Cuando era pequeña e íbamos al pueblo toda la familia, en el coche, competíamos por cual de las tres hermanas veía antes la torre de la iglesia según nos íbamos acercando al pueblo. Siempre perdía yo, porque soy la pequeña, pero no me importaba demasiado porque ver la torre, la viese quien la viese, significaba estar cerca. Y eso es lo justamente lo que me sucede ahora, que ya veo la torre.
El encuentro no pudo ser más emocionante. El plato fuerte, para mi, fue la llegada, cuando las tres amigas, viajeras y compañeras de adopción atravesemos la puerta del hotel y Ana (la presidenta de la ECAI) al vernos se acerco a nosotras, con la sonrisa en la boca y diciendo “Ay las tres que ya están de parto”. Y aunque de parto parto no estamos, podemos decir que hemos salido de cuentas y eso quiere decir, ni más ni menos, que los próximos niños que entren en la casa van a ser, con muchas probabilidad, los nuestros.
La noticia, pasado el sobresalto inicial (hace un mes situaba la preasignación mucho más lejos según las cuentas) hay que tomarla con cautela porque aún quedan muchos juicios por delante de nosotras y hay que ver cómo es el ritmo según la nueva modalidad de doble juicio.
Balance positivo, que duda cabe, nos reencontramos con familias de encuentros anteriores, nos enteramos de la preasignación de otras monoparentales con las que hemos compartido cursos y espera y conocimos gente nueva. Entre ellas una mama de Málaga que viajará este otoño a por su niña y a la que en un futuro, quien sabe, le mandaremos besos para que les de a nuestro niños durante su estancia en la casa cuna…
Aunque quede camino por recorrer, los pasos cada vez están más cerca... Me emociona la noticia, y me encanta poder estar cerca para compartirlo contigo.
ResponderEliminar...me gustaría asistir al parto de las trillizas en diciembre en Etiopía..pero bueno...si no puede ser...pues al menos vestido de "negro" haré una incursión nocturna en la casa de transición...grabaré las imágenes (ecografía de final de gestación) y las mandaré desde el primer cyber que habran en addis..... o bueno mejor esperar.... que emoción...
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