jueves, 20 de junio de 2013

AZ de la Maternidad: Con S de Socializar

Cuando comunicas en tu entorno que vas a tener un hijo, tu entorno, especialmente otras madres, te devuelve todo un desfile de tópicos variopintos y contradictorios sobre la maternidad. En el ranking de “frases hechas que uno escucha cuanto va a tener un hijo” hay tres que lideran esas conversaciones previsibles y estereotipadas. En el número uno está la terrorífica profecía de que ya no vas a dormir nunca más en tu vida, un comentario que no te deja indiferente – con el carácter que se me pone a mi cuando no duermo….- aunque para seguir con la conversación predeterminada sonrías como diciendo que no te importa, que por tu hijo dejas de respirar si hace falta. Y claro, si que importa, ese primer comentario te inocula un germen de desasosiego por dentro que se convierte en auténtico pavor cuando la segunda frase hecha de mi greatest hits te pilla intentando recuperar la calma. Dice así “olvídate de cine, de teatro, de cenas románticas, de tu pareja, de tus amigos, de tu vida social….” Según lo escuchas vas languideciendo, empieza a costarte mantener la sonrisa y si pudieras te taparías lo oídos y correrías gritando… ¡¡¡¡ si yo solo quiero tener un hijo!!!!. Pero es en ese instante, en esa cima de las dudas, en ese momento de gloria del “ay madre en que lío me he metido!!!!” cuando la tercera frase acude, cual caballero andante, a devolvernos el alma y restablecer nuestro deseo de tener un hijo. El tercer y más tópico entre los tópicos que uno escucha cuando la maternidad llega a la vida de una es el de que tu hijo, sea como sea, pase lo que pase, va a hacerte plenamente feliz si o si.
Yo no se si como madre he cometido estos pecadillos con otras madres en la espera de sus retoños, espero que no. Reflexionando sobre ello, está claro que ni una cosa es tan terrible ni la otra tan maravillosa, cualquiera con un poquito de cabeza es capaz de verlo así. Tal vez cuando eres madre, más bien, se van entremezclando los momentos más duros con los momentos más dulces y la vida va tejiendo, con dedos invisibles, esa combinación fascinante de sentimientos, a veces encontrados, a veces contradictorios, casi siempre tan intensos que nos encontramos secuestradas por ellos. También es verdad que estas cosas que se dicen tienen su parte de verdad, pero al decirlos así, tan categóricamente, se pierden los matices. Y la maternidad, si algo tiene, son matices.
Con lo que no estoy de acuerdo en absoluto es con la creencia de que un hijo aniquila por completo la vida social de los padres. No la aniquila, ni siquiera la complica, simplemente, como cualquier cambio vital, la transforma.
Pasar del instituto a la universidad hace que pierdas muchas amistades y te encuentres a muchas otras en el camino. De igual manera, cuando empiezas a trabajar, o te compras una casa, o cuando dejas de vivir sola para vivir en pareja, hay algo en tu organización, en tus intereses, en tu estructura vital, que se modifica, y como consecuencia de ese cambio hay afinidades que nacen y afinidades que mueren. Si es inevitable que sea así, ¿cómo no va a ocurrir lo mismo cuando un bebé llega a tus brazos?.
Mentiría si dijese que hay muchas cosas que a nivel personal no he perdido –o tal vez simplemente pospuesto- al tener un niño pequeño. Desaparece la capacidad de improvisar planes –un café con una amiga, un volverse a la cama después de desayunar, un te paso a recoger a la salida del trabajo- y con ello cambia la manera en que uno se relaciona con los demás. Sin embargo, al menos en mi caso, mi hijo me ha hecho socializar más en muchos aspectos:

1- Gracias a mi hijo he conocido a muchas personas nuevas. La adopción de un bebé es un proceso que implica, entre otras cosas, una larga espera cargada de incertidumbre. Compartir ese rosario de dudas con personas ajenas a la adopción no es fácil y casi siempre suele dejarte a medias, como si hablases de algo demasiado abstracto o empleases un lenguaje demasiado especializado. Por eso durante la desierta espera hay algo importantísimo para las familias que es la relación con otras familias en la misma situación. Las que ya han adoptado tienen mucho que aportarte con su experiencia y son una fuente preciosa de esperanza e ilusión. Las que están esperando a la vez que tú son un apoyo vital a la hora compartir emociones, información y miedos. Las que inician el proceso, a su vez, se benefician de lo que tú puedas contarles y ese intercambio entre unas familias y otras genera vínculos muy especiales. Por otro lado, todas estas familias tienen sus vidas, sus circunstancias, su sentido de humor, su interés, su grandeza. Son personas a las que, de no ser por mi hijo, nunca hubiera tenido la suerte de conocer.

2- Mi hijo me ha hecho integrarme en mi entorno, o dicho de otra manera, ha ampliado mi entorno. Llevaba ya cinco años viviendo en el barrio cuando llegó Samuel y mi vida social en él no iba más allá de dar los buenos días en el mercado y a los vecinos si nos cruzábamos en las escaleras. Casi nunca hablaba con nadie y mi vida en el barrio se limitaba a cargar el carro de la compra en el supermercado y subir la calle que une el portal de mi casa con la boca de metro. Sin embargo, desde que está nuestro hijo hacemos mucha vida de barrio. Vamos por la calle y mucha gente nos saluda y se para a hablar con nosotros, porque sus hijos o nietos van a la misma guardería, porque coincidimos en el parque la otra tarde, porque estábamos en la pescadería y nos comentaron que el niño tiene unos ojos enormes y brillante. También sabemos más cosas sobre la familia que vive en la casa de enfrente, nos gusta encontrarnos en el autobús al abuelo de Quique y coincidir con Habtamu y sus padres en la plaza de las terracitas. Ahora no sólo vivimos en el barrio sino que formamos parte del barrio.

Es verdad que veo menos a mis amigos de siempre, que me cuesta mucho mantener una conversación larga y tranquila por teléfono, que casi nunca salimos los dos solos, sin el peque, y que mi agenda cultural ha encogido hasta ser prácticamente inexistente. Pero como decía estoy segura de que ese es un terreno que se irá recuperando poco a poco y en cualquier caso de lo que si estoy convencida es de que mi hijo me ha hecho ser más abierta, tener una vida menos individualista y sentirme parte de una red social mucho más amplia y diversa.





7 comentarios:

  1. ciertamente, ellos llegan para hacernos descubrir cosas inimaginables antes.
    besos
    @mamiandbaby

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  2. Buff a mi la primera afirmación me la hicieron mil veces...y mi hija duerme desde el mes y medio TODA LA NOCHE DEL TIRON, así que mira lo que he perdido yo de sueño jus

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  3. Toda la razón, pero cualquier cambio importante en la vida te da otras visiones y alternativas... un hijo te quita libertad, vale, pero te da vivencias únicas e intransferibles...
    Quiero deci, todo tiene su momento y todo hay que verlo desde el punto de vista positivo. :)
    Un beso

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  4. los hijos nos cambian la vida, pero no nos cortan la vida social, solo la transofrman y gracias a ellos conocemos a otras muchas m´s personas!!!!

    besos

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  5. Pues si he experimentado las tres primeras afirmaciones y súper!! No dormí casi nada durante los dos primeros meses, mañana por vez primera iré al cine nuevamente y la verdad es que mi hijo ha llagado a dar a mi vida un giro radical hacia lo positivo, ampliando mis espectros y mis conocimientos. Estoy súper feliz y no me arrepiento ni de un minuto que haya perdido de sueño o que haya dejado de salir por él. La verdad es que vale la pena pasar por todo esto para darse cuenta que tu vida no es la misma y tu esencia ha cambiado. Abrazos!!

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  6. Toda la razón del mundo... Yo he tenido que mudarme y vivo en un sitio diferente del que yo crecí! y precisamente gracias a todas las personas que he conocido por mis hijos me siento totalmente integrada y parte viva de la sociedad. Así que un cero por todos esos agoreros que te pronostican el fin de la vida social cuando eres madre...
    Cada época tiene sus cosas, su gente y su ocio... Es diferente pero no desaparece.
    Un abrazo

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  7. Yo, que soy bastante tímida, he tenido que empezar a hablar con mucha gente a la que antes apenas saludaba, por mis hijas, sobre todo por la pequeña, que ya sabes que es un poco torbellino y muy abierta y extrovertida.

    Lo de las cosas que se dicen a los padres en espera como aprovecha ahora y tal, lo decimos por pura envidia, jejeje. Reconozco que yo lo he dicho alguna vez.

    A mí la maternidad me ha hecho más abierta y sociable y es algo de lo que estoy orgullosa.

    Un beso!

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