Pertenezco a ese 90% de la población que no tiene una vocación clara. No soy médico, ni bailarina, ni escritora, ni violinista, ni investigadora, ni periodista, ni abogada, ni peluquera, ni deportista. Estudié Ciencias Físicas como podía haber estudiado muchas otras carreras como Biología, Ingeniería de Montes, Óptica o Farmacia. Mis estudios duraron lo que tenían que durar y mi expediente no fue para tanto ni para tan poco. Con motivación media, satisfacción media y resultados medios terminé la carrera en 1999 y desde entonces, por unas cosas u otras, no he dejado de estudiar ni tres meses seguidos. Al terminar la Licenciatura las posibilidades laborales y mi madurez personal no estaban a la altura así que decidí seguir estudiando para, dos años después, llegar al mismo punto. Durante los siguientes dos años hice un curso de robótica, trabaje 14 meses en una ingeniería, me matriculé en Filosofía y Letras y preparé intensamente el examen del FIR (Físico Interno Residente) para acceder a la formación en Radiofísica Hospitalaria, profesión que ejerzo a día de hoy. Los tres años de residencia fueron sin lugar a duda mis mejores años, profesionalmente hablando, y me dediqué en cuerpo y alma a sacarles partido. En parte por la desorientación de los años anteriores, en parte porque tuve un tutor que motivaría al trabajador más vago del planeta, el caso es que durante mi periodo de residencia no me perdí ni un curso, en coordinación con la universidad obtuve el DEA (Diploma de Estudios) y dediqué muchas tardes libres a leer, preparar sesiones y presentar trabajos a congresos. Cuando terminé la residencia tenía 30 años y desde la escuela infantil no había dejado de estudiar un solo momento, así que llegué a la conclusión de que si dentro de mi había algo que se acercara mínimamente a la deseada vocación era estudiar a secas, lo que fuera, con tal de no parar nunca.
Dos días después de terminar la residencia me incorporé a la vorágine de mi trabajo y seis meses después inicié, yo sola, los trámites para adoptar a mi hijo. Desde entonces, y hasta la llegada del niño cuatro años después, fui sustituyendo los artículos científicos por la historia de Etiopía y por los libros de Psicología infantil dedicados a la adopción. Seguí estudiando, por tanto, aunque di un giro de 180º a las materias, fui aparcando la Física de la Radioterapia y me fui dejando cautivar, día a día, por Haile Selasie y la Teoría del Apego.
Como os decía al principio yo nunca he tenido una vocación clara, de esas con las que algunos dicen que nacen y por las que luchan hasta la muerte, no he tenido nunca una única meta incuestionable hacia la que desease ir contra viento y marea. La vocación, para mi, ha tenido que ver más bien con algo dinámico, un impulso que ha ido cambiando de nombre con el tiempo, como una casa que día a día, de manera imperceptible, fuese mudando su estructura y la disposición de sus puertas.
La llegada de mi hijo, como es de suponer, cambio drásticamente la fachada, el orden de las habitaciones y los metros cuadrados de la casa. La llegada de mi pequeño puso fin a todas las definiciones previas de vocación y redireccionó, una vez más, mis metas académicas. Con la llegada de mi hijo la Psicología llegó a mi vida.
La Psicología va de la mano de cualquier persona que tenga a un niño cerca, madres, abuelas, educadores, vecinos…. es una oportunidad para observar, día a día, como el ser humano se va construyendo cada vez que abre los ojos, como se aprende el leguaje, el control motor, la asociación entre todas las cosas que nos rodean, como el mundo va tomando forma dentro de sus cabezas. Para educar a un hijo, además, es una buena herramienta porque ayuda a entender por qué nuestros hijos se comportan de una determinada manera. En mi caso, además, la espera de mi hijo fue especialmente acompañada de Psicología, puesto que para tenerlo conmigo tuve que leer, asistir a cursos de formación y pasar una serie de entrevistas donde demostrar que era una buena madre adoptiva en potencia. Así que a los pocos meses de estar juntos decidí fusionar el interés por la Psicología del Desarrollo con el deseo de hacer lo mejor posible mi recién estrenada vocación de madre y me matriculé de dos asignaturas del grado en Psicología. Como me gustaron y más o menos pude con ellas, al siguiente curso, seguí adelante.
Con todo esto mi hijo confirmó lo que ya venía mucho tiempo sospechando, que mi verdadera vocación es la de subirme a los trenes que pasan, de aprender, de no conformarme, de intentar hacer cada vez mejor aquello en lo que estoy volcando mi energía (la carrera, la residencia, el proceso de adopción, la educación de mi hijo), de buscar algo que canalice y al mismo tiempo alimente esa energía. Vocación de no quedarme quieta, de no detenerme nunca.
APASIONADA ME HAS DEJADO!!!!
ResponderEliminarPues esta vocación creo que es la que te hace avanzar y no parar nunca. Ser mejor madre, mejor persona, mejor profesional, mejor.
ResponderEliminarsalu2
Maravillosa entrada. Esa sí que es vocación!!! Me dejaste sin palabras y con un nudo en la garganta (soy bastante llorona). Simplemente precioso.
ResponderEliminarUn beso grande desde Argentina
Muriel y yo
Menudo curriculum !!! la mejor vocación...la de madre....
ResponderEliminarDe nuevo guau! que no había llegado a ti!
ResponderEliminarMe alegro de que hayas contado esto porque no tenía ni idea y así te conozco un poco mejor. Nuestros encuentros con los niños no dan para contar estas cosas.
Me erizo con el último párrafo:
"mi verdadera vocación es la de subirme a los trenes que pasan, de aprender, de no conformarme, de intentar hacer cada vez mejor aquello en lo que estoy volcando mi energía (la carrera, la residencia, el proceso de adopción, la educación de mi hijo), de buscar algo que canalice y al mismo tiempo alimente esa energía. Vocación de no quedarme quieta, de no detenerme nunca"
Yo tengo vocación de escritora desde siempre y también siento esa otra vocación de la que hablas, la de subirme a los trenes que pasan y la de no detenerme nunca ;-)
Genial Cristina.
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Un beso!
Tener la vocación de ser la mejor madre que nuestros hijos podrían tener, en definitiva. Por nosotras, y para ellos.
ResponderEliminarUna entrada de calidad, enhorabuena!
que valiente eres, tirar adelante con tu vocación... o sueño... porque se podría definir con alcanzar tus sueños. hay quien se queda en el camino. En cambio tu para adelante siempre. Felicidades :)
ResponderEliminarHe quedado admirada por todo lo que has logrado... Desde que soy madre una chispa se encendió en mi y ha crecido un interés por formarme no sólo como madre sino explorar otros caminos en los cuales estoy tratando de especializarme... Es que la maternidad es así, hace que nos volvamos unas enciclopedias vivientes. Saludos!!
ResponderEliminarTIenes una gran vocación y la has descubierto gracias a tu hijo, es maravilloso!!!!
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