lunes, 14 de septiembre de 2009

Año Nuevo en Miraflores

La entrada en el Año Nuevo no ha podido ser mejor. Acabo de caer en la cuenta de que Fin de Año es una fecha que nunca me ha gustado, es más, siempre deseo que la noche con sus uvas, el turrón, los fuegos artificiales y los programas de televisión grabados meses antes pase lo más rápido posible. Sin embargo esta vez no he tenido ninguno de esos pensamientos negativos, todo ha sido alegría, esperanza e ilusión para el Nuevo Año 2002.
Y lo he comenzado con novedades de verdad, de las buenas, con la sierra de Madrid como escenario y con una compañía de lujo, la de unas familias increíbles que acabo de conocer pero con las que es imposible no encariñarse enseguida. Encantadores los peques y no menos encantadores los grandes.
Como planeamos llegamos el sábado por la mañana. Yo estaba agotada porque la inauguración del famoso Mesob se alargó más de la cuenta y me faltaban horas de sueño, pero al llegar a Miraflores y encontrar a los peques posando con su traje etíope y correteando por la calle peatonal fue suficiente para despejarme como si hubiese dormido doce horas seguidas.
Aún estuvimos un buen rato hasta que salimos de La Posada, los peques pintaban margaritas de papel y coqueteaban con la gente que desayunaba en la terraza del hotel, era realmente imposible mirarles y no enamorarse de ellos. Luego Merce sacó las margaritas amarillas y preparamos ramilletes para los niños que sin ninguna vergüenza se acercaban a todo el que veían a darle una flor y felicitarle en Año Nuevo. La gente alucinaba literalmente con nosotros, pero fueron muy cariñosos con los niños y todos disfrutamos – padres, hijos, futuras mamás y vecinos del pueblo- de un momento realmente entrañable.
Y llego la hora de la comida con la sorpresa del día. La persona que tenía que venir con la injera y preparar la ceremonia del café vino acompañado del mismísimo embajador de Etiopía en París. Fue toda una experiencia estar en la sierra de Madrid comiendo injera, escuchando y bailando música etíope y haciéndonos fotos con el embajador… Era como esos sueños en los que se mezclan unas cosas con otras y aparecen y desaparecen personas por arte de magia sin que nada parezca raro, era como un sueño salvo que…. ¡¡¡¡ no era un sueño, era real!!!!!
El café fue breve y poco después nos dejaron, pero estoy segura de que el embajador se fue encantado de ver a los niños tan felices.
El resto de fin de semana dio para muchas cosas, reuniones de la asociación, conversaciones sobre todo un poco, y lluvias de ideas para el futuro.
Para las que estamos esperando vivir cosas así es muy satisfactorio. Por una parte, es verdad que el ver y jugar con los peques alimenta la impaciencia, pero por otra, y en una proporción mucho mayor, es una fuente de esperanza, de ilusión y de convencimiento en la decisión de ser madre adoptiva.
Y al pensar que de no existir este tiempo espera todo esto no me estaría ocurriendo me conformo pensando que de algún modo tiene que ser así.

3 comentarios:

  1. Enserio estubo el embajador?!?!? Caramba, sí que fué completita la celebración!! Me alegro mucho de que disfrutaráis tanto.
    Un abrazo

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  2. Se podría decir que fué un Día de ensueño..

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  3. De ensueño y de esperanza :)

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