lunes, 2 de noviembre de 2009

Deshaciendo nudos

Aunque con un poco de retraso (no se qué pasa, pero he andado un poco dispersa este mes) os pongo al tanto de los últimos acontecimientos.

Hace una semana fue el cumpleaños de Irene e hizo una fiesta etíope en su casa. Para la ocasión nos vestimos con nuestros trajes tradicionales (traídos de Addis pero comprados en el encuentro de familias de Murcia) y la protagonista no dejó un detalle suelto, música etíope, globos rojos, amarillos y verdes y por supuesto mucha mucha injera recién traída del restaurante Mesob. Se me hizo la boca agua y la sonrisa en la cara al entrar por la puerta y oler el picante, las lentejas y el Doro Wat.

 


Como buena anfitriona Irene hizo una demostración de cómo debe comerse la Injera y entre las tres (aunque la más lanzada fue Anunci) intentamos bailar a la etíope. Hay que reconocer que tenemos que perfeccionar el movimiento de hombros, aunque poco a poco vamos progresando…




En fin, que lo pasamos estupendamente y que anotamos con letras mayúsculas una anécdota más con que aburrir a nuestros hij@s.... ¿os hemos contado aquella vez que hicimos…..?

Justamente ese mismo día empezamos un nuevo taller en la ECAI, así que fue un día muy completo. Estos nuevos talles, pre y postadoptivos, son organizados al margen de la formación que la ECAI está obligada a prestarnos, y como iniciativa la verdad es que son bastante de agradecer, especialmente para los que estamos esperando, porque nos da la oportunidad de observar nuestro proyecto de adopción desde un nuevo ángulo y subir un peldaño más en la escalera, aunque sólo sea de manera simbólica.

El taller en si es un tanto peculiar, o al menos muy diferente a los que hemos recibido hasta la fecha, tan peculiar que me cuesta explicar bien en qué consiste. La idea es intentar visualizar mentalmente diferentes aspectos de nuestro proyecto adoptivo e identificar, mediante los símbolos que empleamos en esos ejercicios de proyección, cuáles son nuestro miedos, nuestras expectativas, nuestros prejuicios etc… y trabajar (modificando esos símbolos) los puntos más débiles.

Hubo momentos muy emotivos y tengo que reconocer que no me fue sencillo hacer los ejercicios, que a veces me costaba concentrarme y otras me desbordaban los sentimientos con las cosas que veía y que el terapeuta nos decía… Uno de esos momentos fue cuando se refirió a nuestra maternidad como nuestra particular revolución… Me hizo sentir muy fuerte (y me rebosaba esa fuerza) porque de alguna manera es así, la decisión de ser madre soltera es mi principal revolución, aunque nunca antes lo hubiera mirado así.

Espero estar más receptiva en las próximas sesiones y poder relajarme y dejarme llevar en los ejercicios. Me pasó igual en el taller de musicoterapia en Murcia, no estoy acostumbrada a este tipo de técnicas y me resulta difícil dejar la mente en blanco sin más.

En fin, que aunque son cosas que en principio nunca me han llamado especialmente la atención voy a aprovechar a explorar ya que se han cruzado en mi camino… Ya iremos viendo si le saco brillo o no a mi oxidado lado místico.

Todas estas cosas, junto algún que otro momento en el que me he sentido más tensa de lo que quisiera, me han hecho pensar que tengo que cortarle las alas a mi yo más rígido y controlador y recordar que de vez en cuando hay que relajar, hacer mirada retrospectiva, soltar laste y desatar los nudos.

El secreto de la felicidad, dicen por ahí, está en no insistir… en no mantener los nudos intactos a toda costa.

Para mí, la palabra felicidad cada vez se parece más a la palabra calma. Lo digo yo, que a veces la pierdo fácilmente…

4 comentarios:

  1. Enhorabuena por tu blog Cristina. Me identifico bastante con todos los sentimientos que expresas. Yo también me encuentro en la larga espera (monoparental junio 2008- Cielo 133)... y como tu dices, intento que mi vida cotidiana se acople a este largo proceso, pero yo siempre digo que será cuando tenga que ser. Me han gustado mucho las fotos de tu viaje. Son estupendas. Sigue escribiendo porque me anima mucho y me hace sentir que cada días estamos más cerca de nuestro hijo/a.

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  2. ¡Ole, ole, qué bailoteo!
    Soltar lastre, deshinibirse, vaciarse de lágrimas, dejar que la emoción fluya, mantener la calma... Un auténtico parque de atracciones emocional.
    Fue un día para recordar, desde luego. Gracias, Cristina. ¡¡Y gracias, Irene!!

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  3. Menuda fiesta se montó, que buena idea!! Lo de los talleres de emociones yo también lo llevo mal... estoy tan acostumbrada a contenerlas que cuándo hay que dejarlas correr no puedo, y luego las suelto cuándo no toca... todo es cuestión de practicar, no?
    Un abrazo.

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  4. Bueno, tengo que decir que yo puse la injera y la música, pero el buen rollo, la predisposición a pasarlo bien y a probar sabores y sonidos nuevos la pusisteis los invitados. Prometo no esperar a los 50 para montar otra :-p.

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