martes, 22 de enero de 2013

Reyes

Sin tomar una postura muy radical al respecto yo era de esas personas a las cuales la psicología no le generaba demasiada confianza, me parecía una especie de invento del mundo moderno que cogiendo un poco de acá y un poco de allá nos ayudaba a justificar nuestras grietas. Me refiero sobre todo, a la imagen –de película americana por otra parte- de la ejecutiva agresiva tumbada en el diván de su psicoanalista, en otros ámbitos –el clínico, por ejemplo- la cosa me resultaba bastante más sería.
En cualquier caso, en esos momentos reconozco que jamás hubiese relacionado la palabra psicología con la palabra ciencia. De hecho creo que, de no ser por la adopción, nunca me hubiera sentado delante de un psicólogo ni leído nada al respecto.
Sin embargo el miedo a las entrevista me hizo leer, los cursos de preparación me hicieron escuchar y entre eso y la vida misma (por ejemplo querer entender algunas de las reacciones de mi hijo) se abrió la puerta de la curiosidad. Y tanto tanto se abrió que si la cosa no se tuerce este año terminaré el primer curso del Grado en Psicología (de ahí que no escriba mucho estos días, ¡estoy de exámenes!!!).

 Cuento esto porque una de las cosas que demuestra que lo que nos sucede en la infancia de alguna manera nos vuelve a suceder en cada una de las etapas de nuestra vida es la llegada de los Reyes Magos. Es tal la magia, tal la emoción con la que he vivido esos despertares entre regalos, son tantas las imágenes que guardo de esas noches de insomnio, acurrucada en la cama sin atreverme casi a respirar, el momento especial de irse a la cama y el de madrugar, frotándome los ojos llenos de sueño e ilusión… que me resulta inevitable revivir con ilusión infantil la llegada anual de los Reyes Magos. Ahora que mi hijo está en casa con razón de más, pero incluso antes, cuando vivía sola, dejaba los zapatos en el árbol para que sus majestades me premiasen por todos los esfuerzos realizados.
Este año la llegada de los Reyes Magos ha sido especial con letras mayúsculas porque es la primera vez que mi hijo ha participado de la magia. Pensaba que no, que tal vez eso de que “ los Reyes va a venir a casa cuando estemos dormidos, volando en sus camellos y nos van a dejar regalos por ser tan buenos, cariñoso y sonrientes” iba a ser demasiado abstracto para él, pero una vez más mi peque me ha dejado bocabierta. También es verdad que estuve todas las navidades hablándole del tema, que fuimos a verlos a la cabalgata del barrio y que dedicamos un buen rato a preparar su llegada: dejamos los zapatos en el árbol, preparamos leche, galletas y turrón y para que los Reyes no se dejasen ningún regalo en sus sacos mágicos les hicimos una carta que pegamos en la pared con las imágenes de los juguetes más deseados.
Y fue un éxito…. Disfrutó tanto de los preparativos que no había manera de apartarlo del árbol de Navidad. Yo le decía: “hay que decirle hasta mañana al árbol” y el decía cada vez más alto: “holaaaa”. Tuvimos que meternos su padre y yo en la cama para que se uniera a nosotros y por fin, se quedase dormido.
Al día siguiente daba saltos al ver los regalos y no paró de jugar en todo el día. Y por si esto fuera poco, por la tarde, en casa de los abuelos, nos esperaban otros dos sorpresas, regalos para todos y un mensaje que el Rey Baltasar, desde Etiopía, había dejado en el contestador. Ya es la tercera vez que les dice a los niños unas palabras gracias a Papá, que es quien se ocupa siempre de recordarles en la carta que nuestros niños esperan con ilusión sus palabras.

Esto fue lo que Baltasar le dijo a mi Superamor este año:

" Samuel: Ya es la segunda Navidad con tu familia y estamos muy felices de ver que eres un niño muy querido Has aprendido muchas cosas buenas este año: ya no llevas pañal, comes solo, y sabes que las cosas no se piden llorando sino con una sonrisa en la boca . Tus primeras palabras nos han ayudado a elegir tus regalos y estamos seguros de que te gustarán… ¡te los mereces!"

2 comentarios:

  1. Es de las mejores etapas que pasamos, de niños y de padres. Por que verles correr por la mañana con esa ilusión no tiene precio...
    un beso

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