sábado, 26 de enero de 2013

Bumba Y Bembé el elefante



Los expertos dicen que a partir de los dos años los niños comienzan a tener conductas empáticas. Por ejemplo darle un beso o intentar consolar a otro niño cuando llora. Por este motivo en las escuelas infantiles, entorno a esa edad, introducen actividades relacionadas con la inteligencia emocional, con la empatía. Juegan por ejemplo a reconocer caras: de enfadado, de triste, de contento y a explicar, a través del cuento, el estado de ánimo de los personajes.
A parte de lo que he podido leer al respecto y lo que sabemos y decimos a nuestros hijos por sentido común intento reforzar en casa las cosas que Samuel trabaja en la escuela. Los colores, las partes del cuerpo, los conceptos dentro-fuera y en esta ocasión, las emociones.
Con esta intención, la otra noche, estuvimos leyendo el cuento de Bumba y Bembé el elefante. Tengo especial cariño a este cuento porque es el primer regalo de mi hijo, me lo regalo una compañera de trabajo al comienzo de mi proceso de adopción. En el cuento el elefante Bembé está triste porque ha perdido a su manada y Bumba, al verle llorar, decide ayudarle a encontrar a sus padres. Y así hablan con las jirafas, con las gacelas, con los búfalos, hasta que por fin encuentran la manada de los elefentes y Bembé abraza a sus padres (con la trompa) y todos juegan juntos y felices.
Y la verdad, no estoy segura de que la elección fuese la adecuada porque creo que di de lleno con los temores de mi hijo. Mi Superamor empatizó, y mucho, con el elefante Bembé. No paraba de repetir “está tiste, tiste, mamá se ha ido, papa se ha ido”…. Y volvía una y otra vez a la última página donde padres e hijo se reencontraban.
Luego se despertó por la noche (últimamente tiene pesadillas) diciendo “se ha ido, se ha ido” ... Me apuesto lo que queráis a que estaba  hablando de la mamá de Bembé el elefante.

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