lunes, 29 de abril de 2013

Conquistar la autonomía

Hace unos días fue la reunión anual con la psicóloga de la guardería. Consiste en una pequeña charla sobre un tema concreto que va variando de año en año, el abril pasado fue sobre la agresividad y esta última trataba sobre la sexualidad en la infancia. No somos muchos los padres que solemos asistir por lo que al final, al margen de la temática de la charla, suelen convertirse en una conversación de las madres con la psicóloga sobre nuestras inquietudes en la eduación de nuestros hijos.
Curiosamente, porque llevo mucho tiempo queriendo escribir una entrada sobre esto, casi todas las cuestiones que se plantearon estaban relacionadas con la autonomía de los niños. La madre X y el padre Y estaban preocupados porque sus hijos no querían dormir solos y la mamá de Z no sabía qué más remedios inventar para conseguir que su hija de casi tres años controlase sus necesidades el 100% de las veces. Luego otro había tenido un hermanito y solicitaba ayuda para todo lo que antes ya hacía solito, y la mamá de la esquina estaba agobiada con las rabietas de su hijo K. Normal. Salí de la escuela completamente convencida de una cosa, que o bien algunos padres se preocupaban demasiado o bien yo me preocupaba demasiado poco. En realidad, según escuchaba a las otras madres, algunas de ellas realmente agobiadas, yo me sonreía a mi misma con satisfacción porque sentía que todo iba bien en mi casa, que mi hijo se comporta como todos los demás, que como el resto tiene sus rabietas, quiere que esté con él hasta que se duerme, quiere que le ayude a comer, no siempre quiere hacer todas sus cosas en el orinal…. Me alegraba escuchar que mi hijo se comporta como tiene que ser, como un niño, con su conducta de niño y su inmadurez de dos años y medio. Con ese tira y afloja entre la dependencia y la independencia de la madre.
Como digo llevo dándole vueltas al tema de la autonomía algún tiempo y me parece que la educación actual se está acercando a la línea que separa el fomento de la autonomía con la obsesión por la autonomía. Y yo me pregunto, ¿desde cuándo el ser humano, ser social por excelencia, es autónomo?; ¿desde cuándo el niño menor de tres (por no decir 7 o 10) años, ser indefenso por excelencia, es autónomo?. Los niños necesitan conquistar su autonomía, están programados para hacerlo como están programados para comenzar a andar alrededor del primer año de vida, pero desde mi punto de vista y mi experiencia con Samuel es contraproducente que los padres fijen el momento en que hay que ir desatando cada lazo. Se trata, más bien, de saber aprovechar las señales que ellos nos lanzan, como cuando nos miran desde la escalera del tobogán para saber si es seguro el siguiente paso, de animarles en esa conquista, de facilitarles el camino hacia la preciada autonomía.
En la escuela, en los medios de comunicación, en los libros sobre crianza, en las conversaciones de parque con otros padres, las teorías se vuelven contradictorias y a los padres, preocupados por hacerlo bien, nos terminan confundiendo del todo. Al final creo que sólo vale eso tan abstracto de “dejarse guiar por el instinto”. Por un lado el discurso de psicólogos y pedagogos se centra en que el cerebro infantil está prácticamente por construir e insisten en el papel primordial que tienen en esa tarea el afecto, el apego, y la protección y cuidado de sus figuras de referencia. Por otro, siguiendo sus mismas pautas, los primeros dos años deben convertirse en una especie de gimkhana en el que nuestros niños deben construir frases, saltar con los dos pies, dormir solos, comer solos, quitarse los zapatos, hacer líneas rectas y controlar esfínteres. Todo esto, por supuesto, sin inculcar en los niños sentimientos competitivos…mmmm…… Así resumido, a parte de estresante ¿no os resulta un poco, o bastante, contradictorio? ¿no os da la sensación de que si hacemos somos frías y si dejamos de hacer somos sobreprotectoras?
Yo creo que si casi todas las madres somos protectoras, y no solo con nuestros hijos, de manera innata y de forma también natural todos los niños pequeños prefieren la compañía de sus madres a la hora de dormir, comer, jugar y todo lo demás… ¿no será que ese es un comportamiento ventajoso, adaptativo y adecuado para el desarrollo de nuestros hijos? Entonces.....¿por qué esa obsesión por adelantar –que no facilitar- la separación madre-hijo?

Yo lo tengo muy claro y a riesgo de malcriar a mi retoño me confieso una auténtica madre malcriada. Mi hijo entra en la escuela infantil a las 8 de la mañana y no sale hasta después de la siesta. Allí desayuna solo, come solo, pinta solo y duerme solo, sin un adulto supervisando cada uno de sus pasos. Mientras tanto, separada de él, voy sola en el metro, trabajo casi todo el tiempo sola y soy correcta en todo lo que hago y digo. Así que cuando llegamos a casa considero que ya hemos ganado nuestra parcela de autonomía con creces y que es el momento de mimar, abrazar, besar y acompañar en todo lo que nos apetezca. Y le ayudo a comer, a dormir y a lo que haga falta, soltando y apretando adaptandome a su rítmo,  y no al revés, sin  pedirle caminar todo el día con zapatos de adulto. Como dice un compañero de trabajo –que también se declara padre malcriado- no estoy preparada para eso.


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