miércoles, 20 de marzo de 2013

¿Y si fuera yo?



Aunque trabajo en un centro oncológico y tengo una visión muy sesgada sobre la probabilidad de padecer cáncer, nunca he sido especialmente aprensiva en lo que se refiere a la enfermedad. Sin embargo, recuerdo perfectamente a la primera paciente a la que cogí la mano en el año 2003, recién empezada la residencia. Los médicos y las enfermeras llevan años preparándose para esos momentos y desarrollan una especie de afecto frío hacia sus pacientes, son capaces de escucharles y empatizar con ellos sin lograr implicarse por completo. Eso es algo que para mi, personal sanitario por accidente y con la lágrima siempre dispuesta, aún me cuesta mucho conseguir. De hecho, desde que soy madre, creo que he dado un inmenso paso atrás y no exagero si os digo que no implicarme con ciertos pacientes, con ciertas historias, es algo que no me siento capaz de lograr a día de hoy. Siempre hay un instante en el que me es imposible esquivar la pregunta ¿y si fuera yo?
La primera paciente era una mujer de unos 75 años. Estaba nerviosa, desorientada y sin embargo no mostraba miedo a su dolor ni a su muerte. Con un Cáncer de Mama diseminado su única y máxima preocupación era que su hija, su única hija, no sufriera.
Estos días pienso mucho en esa paciente de entonces relacionándola con otra actual, mucho más joven que la anterior, también con Cáncer de Mama y con dos hijos pequeños.
Sin poder remediarlo cada día, al verla entrar a sus curas de enfermería, o a la sala de tratamiento, o simplemente al oír hablar de ella se activa en mi cabeza la neurona del ¿y si fuera yo?
Y la verdad es que mi primera reacción a esa pregunta, que me he hecho tantas veces, es muy diferente ahora a cómo era hace unos años. Antes tenía miedo de sufrir, tenía miedo a dejar cosas sin hacer, a irme sin haber disfrutado lo suficiente de la vida. Sin embargo ahora, mi primer y más intenso pensamiento está dedicado exclusivamente a mi hijo. La emoción ahora es pánico a su sufrimiento, es desesperación por no querer que le ocurra algo tan terrible, es asomarme a un abismo en el que es mi hijo, y no yo, quien se encuentra al borde del precipicio. Ahora, cuando me pregunto ¿y si fuera yo? realmente me olvido de por completo mi y la pregunta que me aterra es ¿y si le pasara a él? ¿y si volviera a perder a su madre?... Y es por eso que mi día a día en el trabajo a veces se me hace difícil y triste, como al principio, como si no llevase años tratando con esta loca y amarga enfermedad.

3 comentarios:

  1. una dimensión de sensciones que se abre... de incognitas...

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  2. El otro día al dejar a la peque en casa de mis padres para ir a Vigo, me dijo: "mamá te voy a echar de menos". Me entró una congoja abrumadora. ¿Y si me/nos pasaba algo? Pensar en su dolor se hizo insoportable.
    Te entiendo perfectamente.
    Merce

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  3. has descrito perfectamente lo que me ocurre desde que soy madre, cuando veo que tiene esa necesidad de mí, me entra una espécie de ansiedad brutal por estos temas... incluso me he vuelto un poco hipocondríaca cuando antes no lo era para nada... ahora ya no me vale, el "carpe diem"....

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