Tengo tierra de Etiopía. Tres pequeños puñados de tierra que recogí del suelo de Lalibela, Axum y del lago Tana. Tierra roja, gris y marrón muy oscuro, casi negro, respectivamente. La guardo en un saquito que mi madre ha cosido a propósito, un pequeño tesoro que miro para recordar que Etiopía ha llegado a mi casa para quedarse, para dar gracias cada día de este regalo que la vida me ha dado, el de ser adoptada por un país tan fascinante como Etiopía.
He recogido tres dedales de tierra
para reunir todas las letras
de la palabra vida.
Tu vida
Las llevo asidas a los rincones
del pañuelo blanco
con el que me cubro a diario,
ese mismo que compré
en las calles enredadas de Addis Abeba.
Otras noches sueño
con hombres de Etiopía
que bailan con el único movimiento
de los hombros.
De día recreo, una y otra vez,
el olor a humo y a risa
en las montañas del Norte.
Una vida entera de dos semanas
me ha bautizado de nuevo
sin que ningún dios haya llegado a casa,
y ahora nuestros países
albergan para siempre
un lugar común
allí donde respiro.
Cristina, si tres puñados de tierra te hacen evocar así Etiopía, cuando lleque lo que esperas, nosotros esperaremos un libro de poemas..
ResponderEliminar