Hace unas semanas mi sobrina mayor me confesó preocupada que le daban miedo los fantasmas. Yo le dije que no pasaba nada por tener miedo y le puse algunos ejemplos muy simples acerca de la utilidad de miedo. Pero en lo que respecta a los fantasmas le dije que no era útil tener miedo a los fantasmas porque los fantasmas no existen. Ella se quedó callada y con su lógica infantil y aplastante me preguntó por qué existía la palabra fantasma si no existían los fantasmas…. Buena pregunta…. Saliendo del paso volví a buscar en mi cabeza ejemplos de palabras que representen cosas inexistentes como pitufo, dinosaurio o sirena. No se si quedó muy convencida.
El miedo a los fantasmas es bastante común en los niños… ¿o quizás debiera decir simplemente es bastante común?¿ añadimos el “en los niños” porque no nos creemos del todo eso de que el miedo tenga una finalidad o porque no queremos reconocer que en nuestras vidas también merodean fantasmas?
Sea como sea, lo hablaba esta tarde con una amiga, he llegado a la conclusión de que en mayor o menor medida todos tenemos nuestras alucinaciones, nuestras versiones, nuestras interpretaciones. Con el vocabulario discriminamos lo que es verdad de lo que es mentira, pero en realidad la verdad y la mentira, la mayor parte de las veces, son sólo una cuestión de mayoría. En general hacemos una valoración negativa de las percepciones que no se ajustan a “la realidad”, las llamamos locura, pero por otro lado, y dentro de unos límites, ¿acaso no necesitamos alguna interpretación, la que sea, del mundo para vivir? ¿y si la alucinación, como el miedo, tiene también su finalidad? ¿qué nos perdemos al despreciarla?
Por otro lado, alguien me ha dicho esta mañana que todos los glóbulos rojos de una persona se renuevan cada 120 días… Me ha parecido un dato que sugiere una interpretación (¿alucinación tal vez?) muy positiva de la vida, la de que todo se recicla, continúa, que cada día es una vida distinta en la que a su vez se regala la posibilidad de reinterpretar…
En lo que se refiere a mi proceso de adopción hace tiempo que decidí intentar vivir cada día de espera como si fuera un día de espera distinto. Han surgido tantas cosas buenas los últimos meses que de hecho el camino de la adopción se está convirtiendo en un pasillo lleno de puertas que se abren y a las que de otro modo nunca hubiera llegado. Quiero vivir pensado que siempre va a ser así... Quiero interpretar así nuestra vida.
Juntando todos estos pensamientos dispersos, hoy he escrito esto:
El miedo a los fantasmas es bastante común en los niños… ¿o quizás debiera decir simplemente es bastante común?¿ añadimos el “en los niños” porque no nos creemos del todo eso de que el miedo tenga una finalidad o porque no queremos reconocer que en nuestras vidas también merodean fantasmas?
Sea como sea, lo hablaba esta tarde con una amiga, he llegado a la conclusión de que en mayor o menor medida todos tenemos nuestras alucinaciones, nuestras versiones, nuestras interpretaciones. Con el vocabulario discriminamos lo que es verdad de lo que es mentira, pero en realidad la verdad y la mentira, la mayor parte de las veces, son sólo una cuestión de mayoría. En general hacemos una valoración negativa de las percepciones que no se ajustan a “la realidad”, las llamamos locura, pero por otro lado, y dentro de unos límites, ¿acaso no necesitamos alguna interpretación, la que sea, del mundo para vivir? ¿y si la alucinación, como el miedo, tiene también su finalidad? ¿qué nos perdemos al despreciarla?
Por otro lado, alguien me ha dicho esta mañana que todos los glóbulos rojos de una persona se renuevan cada 120 días… Me ha parecido un dato que sugiere una interpretación (¿alucinación tal vez?) muy positiva de la vida, la de que todo se recicla, continúa, que cada día es una vida distinta en la que a su vez se regala la posibilidad de reinterpretar…
En lo que se refiere a mi proceso de adopción hace tiempo que decidí intentar vivir cada día de espera como si fuera un día de espera distinto. Han surgido tantas cosas buenas los últimos meses que de hecho el camino de la adopción se está convirtiendo en un pasillo lleno de puertas que se abren y a las que de otro modo nunca hubiera llegado. Quiero vivir pensado que siempre va a ser así... Quiero interpretar así nuestra vida.
Juntando todos estos pensamientos dispersos, hoy he escrito esto:
¿Quién no tiene
monstruos en el armario,
pisadas en el tejado
y sombras en la puerta?
¿Quién no ha visto
miradas que hablan,
hombres con diez manos
y finales imposibles?
¿Quién no ha caminado
por encima del suelo,
hablado con paredes
y temblado por nada?
¿Quién ha olvidado
la risa que sigue a la herida,
la memoria que sigue a la historia
y el cántaro que sobrevive al agua?
¿Qué visión,
qué reposo,
qué vértigo,
qué pasión,
qué espera,
qué alucinación vive más de ciento veinte días?
monstruos en el armario,
pisadas en el tejado
y sombras en la puerta?
¿Quién no ha visto
miradas que hablan,
hombres con diez manos
y finales imposibles?
¿Quién no ha caminado
por encima del suelo,
hablado con paredes
y temblado por nada?
¿Quién ha olvidado
la risa que sigue a la herida,
la memoria que sigue a la historia
y el cántaro que sobrevive al agua?
¿Qué visión,
qué reposo,
qué vértigo,
qué pasión,
qué espera,
qué alucinación vive más de ciento veinte días?
Hola Cristina, dos cosas, lo primero comentarte que a mí en la adopción me ha pasado como a tí, la espera la viví sin ansiedad y en el camino (que aunque ya pasó por Etiopía para que se subieran a mi vida Buzi y Efu) he encontrado muchas puertas abiertas, y atravesarlas me han supuesto conocer muchas personas que ahora mejoran mi vida. Lo segundo, escribes muy bien, y eso lo tenemos que explotar en Abay, je,je..
ResponderEliminarHola Cristina, soy Merce, mamá de Míheret.
ResponderEliminarAcabo de conocer tu blog a través de Abay y lo voy a enlazar con el mío.
Un besito.