Dicen que en las tierras altas del norte de Etiopía, llenas de montañas altas, había un hombre esclavo que trabajaba en los campos de algodón. Cada día se levataba cuando salía el sol y no paraba de recoger algodón hasta el atardecer. Después limpiaba la casa de su amo, daba de comer a los animales, cortaba la madera... El tiempo pasaba y aquel hombre estaba cada vez más cansado. Un día, cuando ya no podía más, fue a ver a su amo y le dijo:
- He sido tu esclavo durante mucho tiempo. Me prometiste la libertad. ¿Cuándo me la darás?
Su amo se echó a reír.
- ¿O sea que quieres ser libre? ¡Pues ahora te diré lo que tienes que hacer! ¿Ves la montaña llena de nieve y de hielo que empieza donde termina el pueblo? Esta noche tienes que subir hasta arriba del todo. El aire es muy frío, pero debes quedarte allí hasta que se haga de día. Si puedes sobrevivir sin ropa ni ningún tipo de refugio, tan desprotegido como las rocas que hay allí, serás libre. Estarás desnudo y solo.
El esclavo fue a ver a su mejor amigo, que era un hombre viejo y muy sabio.
-¿Qué hago?- le preguntó-¿Cómo sobreviviré esta noche?Si hago lo que me ha dicho mi amo, ¡moriré congelado!
Su amigo pensó en silencio hasta que le dijo:
-Yo te ayudaré
Cuando se hizo de noche, el hombre que era esclavo empezó a subir la montaña y su amigo, muy cargado de leña, empezó a subir otra montaña que había un poco más allá. El hombre que era esclavo llegó hasta la cima de la montaña y allí se quedó, descalzo, sin ropa y temblando de frío. Todo estaba nevado y el aire era el más frío que había sentido jamás. Las rocas estaban cubiertas de hielo y le costaba respirar. De repente, en la montaña de enfrente se encendió un gran fuego de llamas gigantescas que iluminaban la oscuridad de la noche. Detrás del fuego vió a su amigo esforzándose por mantener las llamas bien encendidas, echando más y más leña al fuego para asegurarse de que no se apagase.
El hombre que era esclavo descubrió que las llamas del fuego de su amigo habían conseguido calentar el aire y ya no tenía tanto frío. Ya no temblaba. Estaba allí arriba, desnudo y desprotegido, contemplando el fuego de la montaña de al lado sin tener frío. Pasó toda la noche mirando el fuego que su amigo había encendido para él, y el frío no le venció.
Al día siguiente, cuando salió el sol, bajó de la montaña y fue a ver a su amo. Lo encontró muy enfadado. No quería liberar a su esclavo, pero no le quedaba otra opción:
-Puedes irte- le dijo.
El esclavo que había sobrevivido al frío gracias a la amistad ya era un hombre libre. Desde entonces, en los pueblos de las montañas dicen que la amistad ayuda a las personas a ser más libres.
Leyenda de Etiopía
Precioso. No lo conocía. Aunque me queda tanto por conocer de Etiopía.........
ResponderEliminarMuy bonito
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