martes, 22 de mayo de 2012

No, No, Noooooo


Hay coletillas típicas que se usan en el trato a los niños que creo que los padres no deberíamos usar. ”…. Las usamos de manera casi inconsciente, porque las hemos oído miles de veces de boca de nuestros padres, de los padres de otros niños, incluso de nuestros maestros… Me refiero a comentarios del tipo “no se te ocurre nada bueno” “me traes martir” o “cinco minutos que me despisto y ya la has liado”.
Y a los niños, para ser justa, si se les ocurren un montón de cosas buenas (en eso nos sacan una ventaja bochornosa) somos los adultos los que siempre estamos con la tijera preparada. Diariamente aprenden una lista innumerable de cosas, se fijan en todos los detalles, hasta los más minúsculos, adquieren habilidades que a nosotros nos costarían meses, obedecen a muchas cosas sólo porque se lo decimos, nos abrazan, nos achuchan, nos hacen reír… No conozco a nadie que sea capaz de alcanzar semejante listón. Nadie que sea capaz de hacer tantas cosas buenas al día.
Cosas malas, pues también hacen, claro, como todos, pero si nos paramos a analizar, malas malas de verdad, realmente pocas…. ¿no dormirse? ¿no comer? ¿protestar cuando están cansados? ¿llorar cuando no se salen con la suya?..... ¿Acaso yo me duermo cuando no tengo sueño, como menestra (que me horroriza) y me muero de la alegría cuando suena el despertador a las 7 de la mañana? ¿Acaso no me enfado cuando fulanito no hace las cosas como yo creo que debían hacerse?
Con esto no quiero decir que no haya que enseñarles qué está bien y qué está mal, ponerles límites y decir NO cuado sea necesario. Lo que quiero decir es que no es tarea fácil usar la palabra mágica, NO, de manera inteligente. Samuel, como casi todos los niños, empezó a decir NO muy pronto, además no lo dice de cualquier manera, lo acompaña con el movimiento de dedo correspondiente….es decir…. Justo como yo le digo que “eso NO se coge”, que “eso NO se toca”, que “eso NO se come”….¿Casualidad? Me temo que no….
Hace años tuve un jefe déspota al que nada le parecía bien, dedicases una hora o un mes a hacer un informe para él siempre era basura. Gritaba, descalificaba, la oficina era una funeraria cuando el venía… Pero al final, como era así siempre, sin orden ni criterio, sus empleados terminamos dejándole gritar y esforzándonos, puesto que el resultado era siempre el mismo, al mínimo. Pues bien, creo que esto se puede extrapolar a todos los ámbitos de la vida, incluido el de los niños. Si siempre se les dice absolutamente a todo que NO, si todo lo que hacen nos parece mal, si fijamos de manera inflexible que comen, cuándo y cómo deben dormir, qué ropa deben ponerse, con qué y cuándo deben jugar, cuántas horas del día deben dedicar a esto o a lo otro, de alguna manera les estamos enseñando también a desobedecer, a retarnos…. Por que...¿quién aguanta semejante grado de frustración?
Lo difícil, insisto, es encontrar el equilibrio entre el SI y el NO, el grado de flexibilidad justo, el límite oportuno, ese punto medio ideal donde reside la correcta educación de nuestros hijos.

1 comentario:

  1. Muy bien dicho. Para reflexionar!!

    Sobre todo para los padres que tienen el NO siempre en la boca y al por qué NO contesten un "por que lo digo yo". Uff, eso lo odiaba yo de mis padres. Argumentos muy pocos y ordenes muchas.

    Menos mal que en la mano de cada individuo está el no copiar ciertas conductas viciosas de nuestros padres.

    saludos

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