A parte de que Nerja es un lugar muy especial para nosotros, lo bueno de llegar a un lugar donde ya has estado muchas veces es que no tienes que emplear nada de tiempo en hacerte al sitio. El apartamento es siempre el mismo, la casera nuestra amiga, y la sensación al llegar, después de casi seis horas de coche y haber trabajado por la mañana es la agradable sensación de llegar a casa.
A la mañana siguiente te levantas y ¡listo!... Desayuno en la terraza con vistas a un pequeño bosque de pinos y el mar al fondo augurando un día perfecto. Luego el ritual de cada vez, vamos paseando hasta el Balcón de Europa y de camino entramos en la tienda de Gabs (a ver si ya esta abierta….) y saludamos a Carlos, el del supermercado.
A la mañana siguiente te levantas y ¡listo!... Desayuno en la terraza con vistas a un pequeño bosque de pinos y el mar al fondo augurando un día perfecto. Luego el ritual de cada vez, vamos paseando hasta el Balcón de Europa y de camino entramos en la tienda de Gabs (a ver si ya esta abierta….) y saludamos a Carlos, el del supermercado.
Si es época compramos aguacates y mangos, que como esos no los hay en Madrid.
Después sol y playa, castillos, juegos, risas…..
Los padres encantados, el niño como loco con nosotros. Simpático, cariñoso, tranquilo… Pasar los días enteros los tres juntos, sin guarderías, ni trabajos, ni lavadoras, ni ninguna otra interferencia, es el paraíso para él, y se le nota en la sonrisa, en la cara, incluso en su autonomía, deja de ser tan demandante porque ya tiene lo que necesita, a sus padres enteritos para él.
De regreso, ya en Madrid y antes de acostarse, se acordaba de la gata María (una gata de la calle que merodeaba por los apartamentos), a la que dimos leche para merendar y acariciamos la tripita. María dormida…. decía, y con las manos hacía el gesto de los bigotes mientras cerraba los ojos. Sin duda la gata fue el mayor atractivo de estos días de vacaciones en Nerja. Como se escondía debajo de los coches aparcados, a veces a dormir y otras porque mi Superamor la asustaba con su euforia, ayer, volviendo del parque, se asomaba debajo los coches y decía HOLAA!!!!! por si María estuviera allí acurrucada, esperando a mi niño.
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