Después de meses sin separarnos del niño el domingo pasado fuimos al cine. El invierno pasado íbamos al cine o al teatro una o dos veces al mes, el niño, mientras tanto, se quedaba con los abuelos, en casa de la tía o con nuestra vecina, jugando con la prima o con Ari, que vive en la puerta de enfrente y acaba de cumplir cinco años. Al principio todo fue sobre ruedas, incluso podíamos despedirnos de él tranquilamente, pero a partir de los dieciocho meses – y/o tal vez por la repetición de estas salidas- fue cuando llegó el escopetazo de apego y el niño empezó a sufrir mucho la separación.
Eran diez minutos, luego jugaba tranquilo y aparentemente feliz, pero el momento de la separación se volvió angustioso para él. La cosa llegaba a tal punto que la cara se le transformaba con sólo intuir que mamá iba a desaparecer, y llegó un momento en que casi cualquier cosa era una alarma para él, sólo llegar a la puerta de la casa de mi madre, un día normal, y el niño se agarraba a mi cuello desesperado.
Un día, a principios de verano, vino a vernos una amiga a casa. El estaba en el salón jugando y cuando la vio se sentó –como desplomado-en el suelo y se puso a llorar, pero no a voces, no una rabieta, sino de manera silenciosa y triste, como si estuviera resignado a perderme. Me impresionó tanto ese día que decidí que hasta que no remontara esa etapa –que se que es una etapa de su desarrollo- no iba a haber más salidas.
Hubo voces que dijeron “tiene que acostumbrarse” pero yo pensaba que mejor se acostumbraría en otra ocasión, tal vez, cuando estuviera preparado para acostumbrarse. Y a mi, su madre, la que mejor le conoce, me parecía que sencillamente el niño no estaba preparado.
Como los últimos meses sus miedos se han calmado bastante este fin de semana decidimos intentarlo de nuevo y…¡¡¡ salió bien!!!! Durante dos días le estuve cotando la misma película, que mamá y papá le iban a dejar un rato en casa de la abuela, con su tía y sus primas pero que luego volverían a recogerle para volver los tres juntos a casa… Y no se si fue por eso, por habernos acoplado mejor a su ritmo, o sencillamente porque el tío se lo estaba pasando en grande con su prima cuando nos fuimos, pero el caso es que toda la tarde estuvo tranquilo y contento jugando con las pegatinas, las plastilina y las pinturas.
Cuando le recogimos me contaba las cosas a su manera, que la prima le había pegado a Mickey Mouse en la frente y que había hecho un pis en el orinal que se había salido fuera.
Yo feliz de verle feliz y satisfecha de haber esperado este tiempo.
Respecto a la película vimos Lo Imposible, dramón de dramones como todo sabéis. A Edu y a mi nos gustó mucho una escena muy tonta, que pasa desapercibida en el global de la película, es cuando llegan al hotel de Tailandia y el trabajador del hotel le pregunta a ella en qué trabaja, ella le responde que es médico pero que no ejerce para cuidar de sus hijos y a su vez el trabajador le dice “entonces la han ascendido”
Pues eso mamis, que nos han ascendido a todas….
A mi también me gustó esa frase del trabajador del hotel... la encontré bonita.
ResponderEliminarCreo que has hecho bien de esperar ese tiempo... si no están preparados, pues no lo están y punto... la voces que dicen "tiene que acostumbrarse" no saben o no quieren saber qué puede estar pasando ne la cabezita de vuestro hijo... y pienso también que está muy bien que le cuentes lo que pasará, a mi me funciona muchisimo con mi hijo... le dejo mucho más tranquilo y relajado si sabe qué ocurrirá luego.
Laura.
Desde luego que hacéis de papis de mil amores. El peque se queda tranquilo, con las cosas bien explicadas y os acopláis a su ritmo, y eso es genial.
ResponderEliminarbonita frase, si.
un abrazo