miércoles, 20 de noviembre de 2013

Yo no soy racista, si lo fuera diría NEGRO en vez de negrito


Me gusta la serie Aída. Me río con Luisma, con Mauricio, con Soraya y con la Bim Bam Bum… Me gusta Esperanza Sur y me gusta la manera en que los guionistas se ríen de los espectadores, de sus prejuicios, de sus manías, de sus vicios.
Los personajes son y hacen comentarios racistas, homófonos y machistas permanentemente, los chistes y los tópicos sobre los negros, sudamericanos, inmigrantes, comunistas, gays y lesbianas son tan salvajes que no podrían ser pronunciados tan abiertamente en ningún otro programa de la televisión. Lamentablemente subyacen en muchos de ellos, pero de manera tan sutil, tan políticamente correcta, que uno podría no ver si  no quiere ver.
¿Por qué entonces Mauricio si puede llamar Machupichu a Osvaldo, hablar sobre el “virus del mariconismo” y Macu referirse episodio si y episodio no al tamaño del pene de los negros?
Pues porque Mauricio es insensible (a parte de fascista, si es que no es la misma cosa), Luisma se quedó medio tonto/tonto entero por culpa de las drogas, Jonatan delinque desde que tiene uso de razón, “La Junca” vive asida a la litrona de cerveza y salvo Chema y su hijo Fidel, que aportan el lado más solidario y tolerante,  el resto no muestra el más mínimo interés por la cultura. Pese a esto, los personajes son adorables y, a su manera, se quieren y se ayudan entre ellos. No hay ningún malo malísimo aunque todos tienen su dosis de imperfección. Como la vida misma.

En la trama, por tanto, los comentarios racistas, machistas y homófonos, quedan asociados a la incultura, a la falta de inteligencia, a la intolerancia y en definitiva a lo “imperfecto de los personajes”. Aída pone en boca de un Mauricio patético frases tales como “los inmigrantes han arruinado la Seguridad Social” y de esta manera se ríe en la cara de aquellos que en la vida real (y en barrios mucho más apañados que Esperanza Sur) dicen cosas tan absurdas como esa.

En el capítulo del domingo una improvisada familia Colmenero está participando en el programa “Perdidos en la Tribu” y por este motivo unos miembros de la tribu Mursi (tribu del sur de Etiopía, por cierto) están viviendo la casa de los García. En un momento del capítulo Soraya, la hija mayor de Aída, se defiende de ser racista diciendo “Yo no soy racista, si lo fuera diría NEGRO y no negrito”.

Llevaba tiempo queriendo escribir un post sobre las vueltas de tuerca que le da a veces la gente al lenguaje para evitar decir la palabra NEGRO. Así que aprovecho la metedura de para de Soraya para hablar sobre ello. Para mí, ese problema que tienen algunas personas para decir NEGRO, simple y llanamente, me parece la muestra más rotunda de que el racismo, lamentablemente, no está superado en España.

A mi hijo a veces le dicen moreno, muchas negrito y otras me preguntan si su padre es del mismo color. Y claro está que mi hijo no es moreno ni mucho menos del mismo color que su padre. Mi hijo es NEGRO. En el peor de los casos ni siquiera le buscan un sustituto a la palabra, y me dicen cosas como…. “Me encantan los niños así”. ¿Así cómo? ¿Con dos brazos, con dos piernas, con diez dedos en las manos?

Y aunque muchos se empeñen en que no es una forma de racismo, en que exagero, en que no tiene importancia,  a mi me llevan los demonios, qué queréis que os diga, porque deja implícito que la persona –consciente o incoscientemente- asocia la palabra a algo negativo, a algo por lo que yo, madre del niño negro, puedo ofenderme. 


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