Llegamos a Addis el día 10, hace justo un año, a primera hora de la
mañana, aturdidos por el viaje y sin reaccionar del todo. Sabía que estaba en
Etiopía por su olor inconfundible. Porque Bole estaba tal y como lo recordaba,
las escaleras mecánicas, la habitación donde hacerse el visado y a continuación
el control de pasaporte y la recogida de equipajes. Sabía que estaba en Etiopía
y sin embargo no terminaba de saberlo, como si fuese una más de las tantas
veces en que había imaginado ese momento.
En el aeropuerto nos encontramos
con la familia que viajaba desde Mallorca, un matrimonio con hijo de nueve años
y con la persona encargada de recogernos y trasladarnos a la casa de familias.
A su vez en la casa de familias
nos esperaba Birtukan, responsable de que no nos faltase nada durante nuestra
estancia en Addis. Al llegar me entregó una bolsa de parte de mi amiga Anunci,
que justo había despegado la noche antes con su hijo Martín. En la bolsa me
dejaba, un secador de pelo, un bote de crema, ropa de Martín y una pequeña guía
para esos primeros días: dónde comprar agua, fruta, huevos etc… Fue algo que me
hizo muchísima ilusión.
Dejamos las maletas en las
habitaciones y desde allí fuimos caminando hasta la oficina de la ECAI en Addis, a unos diez
minutos caminando desde la casa.
En las oficinas nos dieron la
bienvenida por tercera vez y Dawit, el representante, nos estuvo explicando todos los pasos a
seguir allí, el juicio, la sentencia, el pasaporte, la embajada… Yo le escuchaba
sin entender nada, abrumada por el cansancio, el sueño y la impaciencia de
tener a mi niño en brazos.
De la oficina, por fin, a la
casa, caminando rápido detrás de Birtukan por una de las tantas avenidas de
Addis…. Coches, tiendas, limpiabotas, niños, bullicio, humo… Atravesamos esa
selva urbana para alcanzar la deseada puerta de entrada de la casa. Habtamu nos
abríó la puerta y allí estaban ellos, Lendaye, Yosef, Raji, Dawit y Mamush,
nuestros pequeños héroes, nuestros queridos niños, nuestros hijos.
Los bebés estaban divididos en
tres habitaciones y cada una de ellas tenía asignada dos cuidadoras que
trabajaban en días alternos. Ese día estaba Betty con Mamush. Al cogerlo nos
miraba atento a mi y a mi hermana, seriote como se pone los primeros minutos
ante un desconocido… Pero enseguida empezó a sonreír, mi alegre Mamush, siempre
contento….
Estas son algunas imágenes de ese
primer momento. Ése que pasa rápido, sin darte cuenta, y al mismo tiempo parece
que dura toda la vida.
Pero que guapo y pequeño.
ResponderEliminarQué bonito Cristina. Es el momento más emocionante, sin duda, y todos lo vivimos de modo parecido. Pronto hará 4 años que yo viví esa emoción y aún la tengo a flor de piel. Leyendo tu relato brotaban lágrimas de mis ojos de nuevo.
ResponderEliminarGracias por compartirlo.
Qué muñeco. Enhorabuena.
ResponderEliminarMuchas gracias por la mención. ;)
Fue lo mínimo, esperando todo el tiempo que nuestro encuentro de mamis también se produjera en Addis. No pudo ser, pero los tenemos con nosotras y eso es impagable, en los días que corren...