Una de las palabras que las familias de adopción internacional tienen siempre en mente es la palabra prejuicio. Los prejuicios están siempre a nuestro alrededor, a modo de ignorancia, de pregunta indiscreta, de falta de tacto… Son esos comentarios sobre “la buena obra que hacemos al adoptar”, esas preguntas sobre “si no era posible la maternidad biológica”, los eufemismos tipo “ ¿por qué un niño moreno?”…. Los que poco a poco, aún sin querer darle importancia, nos van minando y desarrollando una rara alarma que nos tiene en cierto modo a la defensiva cada vez que alguien, por lo general y curiosamente suelen ser perfectos desconocidos, mete una vez más la pata. Nos hace a los padres, al mismo tiempo, desarrollar prejuicios acerca de lo que los demás piensan o pueden decirnos sobre la adopción.
Yo, la verdad, es que no consigo encontrar el punto intermedio, si es que existe, entre ser educada, responder con naturalidad a lo es natural y al mismo tiempo educar a la gente (que es por otro lado la única manera de luchar contra los prejuicios). Por ejemplo, cuando alguien me dice la suerte que ha tenido el niño al ser adoptado por mi familia, yo siempre respondo que la suerte la tengo yo de que sea mi hijo. Contado así parece una conversación estereotipada tipo “¿qué tal estás? Yo muy bien ¿y tú?…” Pero para mí, a base de repetirse tantas veces, se va cargando de emociones negativas. Por un lado me da rabia, primero porque no considero que sea suerte que ningún menor tenga que ser adoptado y en segundo porque adoptar no es un gesto de generosidad, más bien todo lo contrario, puesto que la motivación primera, y la que debe ser, es la de satisfacer el deseo de ser madre o padre (con toda la generosidad que hay en ese deseo, por supuesto). Y es que ¿cómo se puede ser educado y responder con naturalidad cuándo el problema no está en la respuesta sino en la pregunta?... Sin embargo, a veces, me siento culpable por ser brusca, borde o no poder disimular que el comentario me ha molestado.
La adopción es una realidad social, todos conocemos a más de una familia que ha adoptado, se habla de la adopción abiertamente, al igual que de otras realidades como el matrimonio homosexual o las familias monoparentales. Pero lo cierto es que muchas veces la realidad evoluciona más rápidamente de cómo las personas podemos hacerlo, intentando superar creencias absurdas que han pasado de generación en generación. Y la verdad es que aunque el prejuicio hoy no se exprese de manera tan abierta algo de aquellas creencias queda. Y a veces, aunque racionalmente digamos una cosa, inconscientemente expresamos otra muy distinta, y en el día a día, sin percatarnos, salen floten esas ideas prejuiciosas, directas a los que más de una vez esquivamos esos dardos.
Sin ir más lejos esta mañana en el trabajo hablaba con una compañera sobre una niña que tratamos hace un par de meses. La niña, que es adoptada, ha perdido la visión y el padre nos comenta que la madre no acepta la situación. Decíamos, mi compañera y yo, lo duro de la situación, y en esta conversación me dice que le preocupa que vayan a devolver a la niña. Yo, que me había propuesto empezar bien la mañana (por otro motivos el ambiente está tenso en el trabajo) intento ser respetuosa y empiezo simplemente, sustituyendo la palabra devolver por abandonar… pero finalmente estallo y le pregunto….¿si cualquier otro padre de los niños que hemos tratado te hace ese comentario te plantarías que su madre está pensando en abandonarlo? ¿no te quedarías simplemente en que está asustada, bloqueada y sufriendo infinitamente porque su hija de 15 meses ha perdido la visión?
Lo siento, no lo puedo remediar.
Y volviendo a la entrada de Merce… Pues si, podemos hacer un ranking absurdo de madres de mejor a peor o de más a menos en base a una escala de sufrimento, podemos hacer ese ranking y otros muchos, según el tiempo de espera, la edad, los metros cuadrados de la casa…. Podemos encontrar miles correlaciones sesgadas más. Ni se es más ni mejor madre por sufrir mucho, evidentemente. Claro está que no es el sufrimiento lo que nos define como madres, de hecho supongo que Silvia hubiese dado cualquier cosa por tener un parto fácil y nosotras lo daríamos también por que no todo fueran obstáculos tanto en el plano adoptivo como en el biológico. Sin embargo entiendo perfectamente la indignación de Merce porque no hay nada que ahonde más en las heridas como el que se simplifique o directamente se obvie el dolor de uno.
Seguramente la mayor parte de estos prejuicios se deban a la ignorancia, muchas veces la única referencia de adopción en África que se tiene es la de Madonna y la gente piensa que nos plantamos en Etiopía, cogemos al niño que más nos gusta y nos volvemos a casa. Quiero pensar, de verdad, que todo es por ignorancia, pero aún en tal caso me sigo enfadando, y mucho, porque entonces lo que no perdono es que se hable a la ligera de lo que se desconoce, yo intento no hacerlo, así que no deja de ser una decepción casi diaria, el que los demás no tengan también ese detalle conmigo.
todos tenemos miedo a lo desconocido...
ResponderEliminarel que adopta...
el que encuentra modelos familiares diferentes...
el que se queda en paro...
el que está en crisis...
el que busca respuestas...