jueves, 14 de junio de 2012

¡¡¡¡ Mi superamor y yo llevamos un año juntos!!!!

No me puedo creer que ya haga un año que estamos juntos…. Es una alegría extraña, como incomprensible, porque el tiempo ha pasado muy rápido y sin embargo me cuesta recordar cómo era el antes, como si fuera imposible que hubiera un tiempo en que Samuel no existiera y que no fuera mi hijo, que no estuviera en casa abriendo y cerrando los cajones, pidiéndote que le asomes a la ventana para ver las palomas…. Que no esté junto a mi desde siempre.
Pero para contar las cosas tal y como ocurrieron tengo que decir que realmente hoy, mi hijo y yo, deberíamos llevar un año y un día juntos porque la fecha de juicio que teníamos asignada era el 13 de junio. Ese día la jueza no pudo ir a la corte y lo aplazaron, para nuestra decepción, al día siguiente. Un día es un día y pasa rápido, y aunque ahora lo cuento y no parece que ese día cambie la historia en absoluto en aquel momento lo cierto es que se nos vino el mundo encima…. Sobre todo por la tarde, cuando fuimos a ver a los niños a la casa cuna y tuvimos que dejarlos otra vez allí después de la hora del baño.
Pero pasó la noche y al día siguiente, a primera hora de la mañana, fuimos de nuevo a la corte con los nervios y la paciencia cargados a la espalda… No se sabía que hora nos recibiría la jueza, éramos varias las familias, biológicas (para los primeros juicios) y adoptivas (para los segundos), y no había una agenda preestablecida.
Estuvimos un par de horas en la sala de espera, quizás algo más, y la verdad es que esa espera fue tan angustiosa o más que los cuatro años que, en ese momento, empezaba a dejar atrás. Veía las caras a mi alrededor y tenía que contener las lágrimas, a veces sin conseguirlo, porque me sentía sobrecogida por la tristeza de las familias biológicas, madres, abuelos, familiares que estaban allí para ratificar la orfandad o el abandono de los niños… La tristeza era tal que envolvía mi alegría, la abrumaba, me hacía ser consciente de la responsabilidad que estaba asumiendo y sentir un profundo respeto por su familia biológica.
Y al salir del juicio, al regresar a la sala tras saber que nuestros niños ya eran oficialmente nuestros hijos, esas mismas caras tristes nos felicitaban, nos miraban con afecto, nos sonreían con una dignidad como nunca antes la había visto.
Tras el juicio fuimos a una cafetería para celebrarlo y Dawit nos dijo que no podíamos recoger a los niños hasta la tarde. Estábamos deseando ir a por ellos pero la alegría era tal que ya ni esperar un poquito más la empañaba. Aprovechamos para ir a comprar las cosas que necesitaríamos… leche, pañales, cereales…
Luego después de comer, fuimos a la casa cuna.
Es tradición, en la ECAI, organizar para las familias una especie de ceremonia de entrega de los niños. En la habitación donde juegan los bebes cuelga de la pared la colcha de los deseos, hecha por un grupo de madres adoptivas, y es justo delante de ella donde la cuidadora pasa a los bebés de sus brazos a los de los padres. A los niños los visten con las mejores ropas para ese momento que es, para mí, el más emocionante de todos… yo me sentía desbordada por todo un desfile de sentimientos, la alegría de tenerlo conmigo se daba la mano con la tristeza de separarle de sus cuidadoras, a las que tanto quería, la angustia de la espera venía a emparejarse con el alivio de tenerle ya entre mis brazos, la ilusión de compartirlo con mi hermana bailaba con la ausencia de Edu, que no llegaría hasta diez días más tarde.
Aún estuvimos un rato más en la casa cuna, casi sin saber qué hacer, ¿irnos, quedarnos?... Luego llamamos a unos taxis y regresemos a la casa, para darles la primera merienda.
En el taxi Mamush se quedó dormido en mis brazos, lo cual fue curioso porque antes de salir de la casa no dejaba de pensar en la impresión que les causaría a los niños salir y ver el espectáculo de coches y ruido que es Addis Abeba.
Ya en casa “los chicos” salieron a comprar fruta para la papilla y en seguida nos incorporamos a la logística que implican los bebés: baño, crema, biberón…. Todo fue una sobre ruedas porque nuestros niños eran –y son- una delicia de niños, unos campeones que se adaptaban a su nueva vida a la velocidad de la luz.


4 comentarios:

  1. Cristina siempre que leo cosas tuyas me haces llorar, de alegría, pero lloro. Deberías pensar en dejar un poco la física y dedicarte a la literatura.
    Me has dado mucha envidia, y por un momento he pensado que diferente sería mi vida si cuidara de otra vida que hace que gane sentido la de uno. Bueno no quiero ponerme triste, es tu cumple de mamá, y eso merece celebrarlo por todo lo alto. Hoy mi abuela hubiera cumplido 112 años, así que felicidades a las dos!!
    Un beso.
    Rosa

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  2. Muchas felicicades! me encanta leer tu blog, de una forma u otra, me identifico como mamá.
    MªLuz

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  3. Muchas felicidades por este añito juntos!!!!!!!!!

    Se te ve supermami en las fotos con el peque. ANtes de tenerlos, la verdad es que un día se hace eterno, y ahora me imagino se justo al revés...rapidísimo. Y lo ves como crece por momentos.
    Disfrútalo mucho y ser muy felices!

    un beso

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  4. Hola:

    acabo de llegar por primera vez a tu blog y me ha emocionado mucho esta entrada. Me recuerda tantas cosas...Felicidades por vuestro primer año juntos!!

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