Un año después mi hijo parece otro niño. Se ha ido el niño que extraña, el niño al que no se le pueden acercar los otros niños, el niño que no quiere saber nada de las relaciones sociales, y ha vuelto el Mamush de Addis Abeba, el encantador de serpientes, el que se mete en el bolsillo a cualquiera que se le acerque con su inmensa sonrisa, con sus carcajadas. Tal vez porque no me he dado por vencida, porque ha madurado o sencillamente porque tenía que ser así, el caso es que ahora es una delicia ir a cualquier sitio con él. Ha pasado de quedarse paralizado a ser el alborotador number one. Este fin de semana hemos estado en la serranía de Cuenca, con mi hermana y otra familia, y no ha parado un solo momento, ha disfrutado cada segundo con cada milímetro de su piel. Sin parar, sin perderse nada. Se lo han pasado tan bien, hemos estado tan a gusto, que ayer en la comida los cuatros niños decidieron por unanimidad que lo que decididamente teníamos que hacer era quedarnos a vivir allí.
Y nada me gustaría más que haber estado, al menos, un día más allí, un par de paseos más por el campo, poder vivir con la puerta de casa abierta de par en par, con todos entrando y saliendo, sentarme a la mesa tranquilamente sin interrupciones ni juguetes volando, y beber vasito de vino a pequeños sorbos, picando un poquito de allí y otro de allá. Servir la comida en la mesa todos juntos, como en las acampadas cuando era pequeña. Escuchar de fondo el sonido del agua, empaparme de sol, del olor a campo y del paisaje....
Y nada me gustaría más que haber estado, al menos, un día más allí, un par de paseos más por el campo, poder vivir con la puerta de casa abierta de par en par, con todos entrando y saliendo, sentarme a la mesa tranquilamente sin interrupciones ni juguetes volando, y beber vasito de vino a pequeños sorbos, picando un poquito de allí y otro de allá. Servir la comida en la mesa todos juntos, como en las acampadas cuando era pequeña. Escuchar de fondo el sonido del agua, empaparme de sol, del olor a campo y del paisaje....
Ahora de vuelta, con energía renovada pero con un poquito de pena también… Me hubiese quedado allí mismo de no pasarle a mis deseos el filtro de las obligaciones


Fin de semana genial. A pesar de que Cuenca sonaba a playa, pero allí, no había playa, vaya vaya...
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