miércoles, 5 de junio de 2013

Los duendes de mi casa


Aunque ande arrastrando tareas y ropa sucia por los siglos de los siglos. Aunque dos días requieran la misma logística que un mes completo. Aunque llevemos el coche hasta arriba, como si nos mudásemos de casa. Aunque la energía de Samuel se multiplique por 20 y me resulte imposible pararle. Aunque comamos cualquier cosa y la nevera de casa se quede vacía de no ir a la compra. Aunque pase todo eso y más, tengo el firme propósito de en adelante, aprovechar los fines de semana, de salir fuera, de conseguir que no se conviertan en una sucesión de obligaciones más (poner lavadora, hacer la compra, pasar el polvo, visitar a los abuelos….) Tengo el firme propósito de que la única obligación sea relajarse. Y en casa, qué queréis que os diga, me cuesta muuuucho trabajo hacerlo… Comienzo bien, pero cuando después de dos horas sin parar de trabajar (los platos de la cena del viernes, tender la ropa, hacer las camas…) te das cuenta de que todo está más desordenado que dos horas antes, el estado zen salta por los aires de manera estrepitosa. Me pongo gruñona, nerviosa, y llego a pensar cosas tan horribles como que casi son mejor los días de diario, con su orden y su rutina.  Si no salgo a la calle la casa se me vuelve una cárcel, me marea, me oprime. Calle, calle, calle, o me muero del miedo, o me aterra la sola idea de pasarme las horas haciendo lo que los duendes de mi casa, tras de mi, van deshaciendo

1 comentario:

  1. Cristina, no te lo creeras... pero desde que mi "duende" está haciendo esta semana el viaje de fin de curso, todas esas tareas; lavadoras, platos, camas, etc. se han reducido de forma increíble.
    Hasta puedo ver la tele, si,si!!! el programa que quiera!!!
    Y es que la familia y los monstruitos es lo que dan..., trabajo, pero mucho amor.
    Es muy difícil encontrar el momento ZEN, pero las mamis podemos con todo, por que somos mejor y más estupendas que el mismo superman.

    un abrazo

    ResponderEliminar