Soy una persona corriente, con pensamientos corrientes. Si me encontraras en el metro no te preguntarías cómo es mi vida y de conocer mi vida nada te parecería para tanto ni para tan poco. Trabajo en un hospital, tengo grandes amigos y una casa en el barrio de San Blas que huele a vainilla. Nada en mi en mi es extravagante o exagerado. Moderada. Emotiva. Dulce. Segura. A veces tengo miedo de mi misma. A veces camino por la calle y me siento tan fuerte que tengo que apretar fuertemente el puño para concretar mi energía. Testaruda. Perfeccionista. Infantil. Sonrío mucho. Y de sonreír tengo arrugas en los ojos.
Desde lejos, con una mirada rápida, nada me diferencia de cualquier otra. Pero desde cerca, buscando la mejor definición de mí, si me miraras así, podrías decir quién soy exactamente, diferente al resto: la futura mamá de una preciosidad etíope.
Hoy hace exactamente un año que comenzó el viaje hacia Addis Abeba en busca de mi niñ@. El camino es largo como un río y largos han sido también los preparativos: entrevistas, sesiones formativas, papeleo y mucha incertidumbre…. A menudo pienso que no sería capaz de mantener la ilusión de no haber sido transformada por el deseo de ser madre. Y así avanzo, mitad feliz y mitad impaciente, siempre a la zaga de la pregunta de que me hipnotiza desde el primer día: ¿cómo serán sus manos, y su voz, y sus ojos?
Os invito a compartir conmigo (y yo con vosotros) este trayecto emocionante de mi vida. Bienvenidos a este viaje (entre todos los caminos elijo el que conduce a ti, en algún lugar de la lejana, desconocida y hermosa Etiopía). Este es nuestro punto de partida.
Desde lejos, con una mirada rápida, nada me diferencia de cualquier otra. Pero desde cerca, buscando la mejor definición de mí, si me miraras así, podrías decir quién soy exactamente, diferente al resto: la futura mamá de una preciosidad etíope.
Hoy hace exactamente un año que comenzó el viaje hacia Addis Abeba en busca de mi niñ@. El camino es largo como un río y largos han sido también los preparativos: entrevistas, sesiones formativas, papeleo y mucha incertidumbre…. A menudo pienso que no sería capaz de mantener la ilusión de no haber sido transformada por el deseo de ser madre. Y así avanzo, mitad feliz y mitad impaciente, siempre a la zaga de la pregunta de que me hipnotiza desde el primer día: ¿cómo serán sus manos, y su voz, y sus ojos?
Os invito a compartir conmigo (y yo con vosotros) este trayecto emocionante de mi vida. Bienvenidos a este viaje (entre todos los caminos elijo el que conduce a ti, en algún lugar de la lejana, desconocida y hermosa Etiopía). Este es nuestro punto de partida.
Hola Cristina,
ResponderEliminarefectivamente a simple vista pareces una chica normal, pero basta leer lo que nos has escrito para darnos cuenta que no es así.
Sobra decirte, porque ya algo me conoces, que estoy llorando.
Hace pocos días cogí un libro donde se escribía que, los hijos son el motivo que mantienen con vida a las madres. Casi nada.
Seguramente que acabaras consiguiendo tu deseo de ser madre, aunque sólo sea, como tu dices, por lo testaruda que eres.
Tu blog me parece estupendo. Ojala te ayudemos a que el camino que te quede hasta llegar a tu hijo se te haga corto, entretenido y enriquecedor.
Un beso.
Rosa
Gracias por la invitación a tu viaje. Espero que pronto compartas la alegría de una primera meta antes del día a día, que será sin duda el mejor y el mayo punto de partida. Un abrazo y felicidades por el blog
ResponderEliminarPuedes parecer una persona corriente, pero cualquiera que tenga la suerte de conocerte de verdad, sabe que no es así. Especial. Así eres. Y por eso nos emocionaremos viendo tus ojos cuando mires los suyos,y tu sonrisa cuando oigas su voz. Y no olvides nunca que te regalará muchos momentos felices, pero que tú también lo/la harás muy feliz. No hemos visto su carita todavía, pero ya sabemos que tiene la inmensa suerte de que la mamá que lo/la espera eres tú.
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