Vacuna: Virus o principio orgánico que convenientemente preparado se inocula a una persona o a un animal para preservarlos de una enfermedad determinada. (Diccionario de la lengua española)
Este año he decidido emplear las vacaciones en conocer el país de mi futuro hijo. Dijo un poeta que un hijo es el segundo país donde uno nace. Recuerdo el verso, aunque no al escritor, por la fuerte identificación con lo que estoy viviendo. De alguna manera no sólo voy a visitar el país de mi hijo, emocionalmente siento que voy a conocer mi otro país.
Con motivo de este viaje, esta mañana he estado en la consulta de salud internacional para informarme de las vacunas y otras precauciones que debo tomar: fiebre amarilla, fiebre tifoidea, meningitis y profilaxis de la malaria… Casi nada, y eso porque de tétanos y hepatitis A+B ya estoy vacunada. Tanto virus junto, la verdad, asusta un poco…
Pero por otro lado, y ciñéndome a la definición del diccionario, la verdad es que diariamente ya nos vacunamos contra muchas enfermedades. Y, no obstante, seguimos vivos. Me vacuno para poder soportar el llanto de los niños cuando despiertan de la anestesia a primera hora de la mañana, para sonreír cuando mi padre no puede vocalizar y tarda siglos enteros en abrocharse la chaqueta. Me vacuno contra la lluvia, contra el miedo a las cosas irreversibles o a no encontrar las palabras adecuadas. Para preservarme de la desesperanza, de la apatía, del no sentirme capaz de levantarme cuando suena el despertador y la noche ha sido demasiado corta, de la sumisión, del frío, de las preguntas repetidas infinitas veces, del peso de las cosas que callo… Me vacuno contra el humo de los pulmones enfermos, contra las cosas que me gustaría hacer mejor, contra las que sucedieron de una manera distinta a la esperada, contra las que “tienen que ser así” y no lo son, contra las ideas en las que no creo.
Me vacuno para conservar ganas de reescribir todo esto, cuando acaba el día, con más cosas a favor y menos en contra.
Para no darme por vencida. Para tomar las riendas.
Cristina: ¡Cuánta razón tienes! ¡Qué cantidad de vacunas debemos ponernos a lo largo del día y de la vida!
ResponderEliminarPero llegará el día en que no las necesitemos, porque todo será mejor, porque algunos luchamos por cambiar el mundo (aunque nos llamen locos!)
Cuando te conocí, ya me dí cuenta de que eras una persona especial y al leer todo esto, me alegro enormemente de tenerte ahí.
Muchas gracias:
MJR