Acaba de cumplirse un año desde mi firma de contrato con la ECAI (Entidad Colaboradora de Adopción Internacional). El tiempo ha corrido como un demonio, pero el espacio recorrido durante estos meses no ha sido el esperado…. Y la verdad es que todo sería igual de perfecto si todos estos vaivenes del proceso significaran únicamente que mi niñ@ llegará un poco más tarde de lo previsto…. Pero la realidad es que cualquier pronóstico de cambio (en este caso una nueva normativa para la adopción en Etiopia) retira la tapadera del miedo y el miedo me impide disfrutar enteramente de la espera. Es como una piedra que cayera sobre mí.
La intención del gobierno etíope es investigar a fondo el caso particular de cada niño abandonado para garantizar que los menores que salen del país son realmente niños adoptables. Este planteamiento, ideal en un principio de cara a la protección de menor, convierte al proceso en un imposible en un país donde no hay registros y los niños son recogidos de la calle a diario. Y ese imposible hace que se invierta meses en recopilar toda la información necesaria (a veces insuficiente) sobre el origen de los niños y lo que es peor, que los menores pasen más tiempo institucionalizados.
En la práctica, la inminencia de esta nueva ley de adopción se traduce en que las preasignaciones se encuentran paralizadas desde hace meses y a día de hoy los orfanatos están llenos de niños que no pueden ser trasladados a la casa de transición de la ECAI para su preasignación.
Ante esta situación yo elijo y quiero pensar que todo esto es para el bien de los niños, pero a veces lo pongo en duda. Y la duda es otra piedra que cae sobre mí.
Pero como no es bueno convivir mucho tiempo con la duda y el miedo, al final opto por seguir pensando que todo irá bien, y con la misma fuerza con que cada piedra interrumpe mis pasos las descargo de mi espalda y echo a andar…. Una vez liberada de su peso comprendo que se trata, simplemente, de un nuevo comienzo:
Esta piedra es el inicio de una calle
que conduce a una rosa.
Esta piedra contiene un fruto en su interior
que sabe a poesía
Esta piedra tiene tacto suave
y aroma a columpio a la salida del colegio.
Esta piedra es un mundo completo.
En su centro, un rincón de África
muere y renace cada noche.
Al descubrirlo, el silencio de casa me despierta
para cobijarte imaginariamente
entre los brazos
La intención del gobierno etíope es investigar a fondo el caso particular de cada niño abandonado para garantizar que los menores que salen del país son realmente niños adoptables. Este planteamiento, ideal en un principio de cara a la protección de menor, convierte al proceso en un imposible en un país donde no hay registros y los niños son recogidos de la calle a diario. Y ese imposible hace que se invierta meses en recopilar toda la información necesaria (a veces insuficiente) sobre el origen de los niños y lo que es peor, que los menores pasen más tiempo institucionalizados.
En la práctica, la inminencia de esta nueva ley de adopción se traduce en que las preasignaciones se encuentran paralizadas desde hace meses y a día de hoy los orfanatos están llenos de niños que no pueden ser trasladados a la casa de transición de la ECAI para su preasignación.
Ante esta situación yo elijo y quiero pensar que todo esto es para el bien de los niños, pero a veces lo pongo en duda. Y la duda es otra piedra que cae sobre mí.
Pero como no es bueno convivir mucho tiempo con la duda y el miedo, al final opto por seguir pensando que todo irá bien, y con la misma fuerza con que cada piedra interrumpe mis pasos las descargo de mi espalda y echo a andar…. Una vez liberada de su peso comprendo que se trata, simplemente, de un nuevo comienzo:
Esta piedra es el inicio de una calle
que conduce a una rosa.
Esta piedra contiene un fruto en su interior
que sabe a poesía
Esta piedra tiene tacto suave
y aroma a columpio a la salida del colegio.
Esta piedra es un mundo completo.
En su centro, un rincón de África
muere y renace cada noche.
Al descubrirlo, el silencio de casa me despierta
para cobijarte imaginariamente
entre los brazos
Tiro una piedra y salen mil ideas, mil momentos compartidos, mil risas y alguna lágrima que sale sin más, sin querer, mil libros donde no acaba paralítico el protagonista, mil poemas de amor con sus mil puentes que cruzar, algunas canciones desesperadas, mil frases en el momento adecuado y más de una y más de dos en el momento inoportuno, mil bromas que no entendería nadie más, mil perdón y algún ajá, mil momentos a parar con el pause porque son importantes y con eso se entiende todo, mil cañas que deberían ser dos mil porque no hay nada mejor que contarse la vida a la vera de orejas, callos y mejillones con queso fundido, mil segundos hasta que el avión está arriba y ya estamos a salvo, mil embarazos de ballena, miles de jirafas que parecen jirafas y miles de cebras que parecen vacas, miles de qué asqueroso y algún no es por falta de confianza, eh????
ResponderEliminarAhora, con la sonrisa que tengo de oreja a oreja, me animo a seguir caminando a tu lado después de estos años hacia esa rosa de esa calle que a veces está tan cerca y a veces está tan lejos, y que sin tú saberlo, sigues haciendo crecer.
Un besito.
Para Albert Federer: Con estas cosas que me escribes no necesito vacuna alguna.... Y no solo con eso, me haces tanto bien.... Me enseñas a disfrutar de las cosas. Me convences de que la piedra puede ser pájaro (mañana te explico eso).
ResponderEliminarMe siento feliz, profundamente conmovida, querida, emocionada, muy frágil y muy fuerte al mismo tiempo y sobre todo muy muy afortunada. Gracias.
Me estoy riendo a carcajadas yo sola en casa (con muchas ganas, como decía Marisa cuando desperciciabamos las mañanas hablando de cosas triviales). Me estoy riendo por todos los momentos que me has traido a la cabeza, por lo especial de todos ellos, por pequeños y estúpidos que sean, porque nadie se ríe como tú de mis tonterías (¡y eso me encanta!), porque si siguieramos escribiendo la lista sería casi interminable. Porque recuerdas esos momentos como lo hago yo. Porque hagas lo que hagas siempre aciertas. Por las infinitas cosas que nos quedan por vivir...