“Las habilidades de comunicación, así como
la validación de las biografías, constituyen la tecnología punta para aliviar
el sufrimiento de las personas”
Ramón Bayés
A todos nos ha pasado alguna vez.
A veces por cosas trascendentales, otras veces por problemas que con el paso
del tiempo nos dan la risa.
Pero a veces ocurre que
sintiéndonos infinitamente tristes, asustados, enfadados o preocupados buscamos
en alivio en alguien que, sencillamente, no nos entiende. Y al no entendernos
no puede escucharnos, ni ayudarnos, ni acompañarnos en ese momento de crisis.
Frases del tipo, “no es para tanto” “no se por qué te pones así” o incluso un
cambio de conversación de tus problemas a los suyos…”peor es lo mío que….” Son
la llave que cierra a cal y canto todos los canales de comunicación. Y entonces
aterriza en nuestra espalda la peor amiga del hombre, esa que un antiguo
compañero llamaba la soledad acompañada.
Luego no es fácil librarse de
ella, porque decidimos callar, tragar, aislarnos.
Hace unos meses que estuve en
taller sobre adopción y racismo. Me gustó mucho porque casi toda la sesión
trató sobre aspectos prácticos, basándonos en situaciones concretas que habían
vivido otras familias e intentando dar respuestas diferentes a esas
situaciones, imaginándonos cómo nos sentiríamos, cómo reaccionaríamos. Fue
interesante escuchar otros puntos de vista y de vez en cuando me resulta
necesario compartir inquietudes con
otros padres adoptivos.
Si algo saqué en claro del taller,
al hilo de la cita inicial, es que si de verdad queremos ayudar a alguien que
sufre (en este caso un niño que padece racismo en su entorno) lo primero y más
importante es recoger su sentimiento, validarlo con frases del tipo “entiendo
que debe ser muy duro….” “debes de estar pasándolo mal…” y trabajar desde ahí
ese dolor. Restando importancia a su sufrimiento, este fundado o no, sólo
conseguimos que esa persona se aleje emocionalmente de nosotros, no que deje de
padecer.

hola! te he encontrado no sé a través de que otro blog.
ResponderEliminarA mi lo que me gustaría, además de darle el apoyo necesario y que confiara en mi y en su padre para compartir estos problemas tan sensibles, es enseñarle a enfocarlos con humor. Me gustaría que aprendiera no solo a saber con humor de las posibles situaciones en las que se vea, a que ella misma se lo tomara con humor. Pero ni su padre ni yo somos de salidas rápidas y graciosas. No se si eso se podrá aprender.
Van a hacer un taller en Mundiadopta, a ver si podemos ir y aprendemos algo.
Te enlazo a mi blog para seguirte. (http://proximaestacionaddisabeba.blogspot.com.es/)
Un saludo!
Te entiendo, yo también creo que hay que saber reírse de los problemas.... Especialmente si el problema es de los otros (los racistas) aunque lo padezcamos nosotros... Pero me ocurrre lo mismo que a ti, no soy de respuesta rápida, más bien al contrario, de hecho me apunté al taller precisamente porque tengo la sensación de que no siempre se reaccionar.
ResponderEliminarSeguro que el taller os aporta muchas cosas, experiencias similares, la seguridad de que lo estais haciendo bien (por eso vais al taller) y que no hay un solo tipo de respuesta válido para conseguir nuestro objetivo, cada uno tiene que elegir la que le haga sentir más cómodo.
Y si, yo creo que a base de que siempre te sucedan las mismas cosas si que se aprende a reaccionar.
Gracias por escribir, me pasaré por tu blog
Besos