martes, 24 de julio de 2012

Por los pasillos de Carrefour

Cuando alguien habla sobre las rabietas de los niños siempre me viene a la cabeza la imagen del niño pataleando en un supermercado. Y es que hacer la compra en un hipermercado con un niño es un pequeño  reto, por un lado porque están repletos de cosas estratégicamente colocadas para que a los niños se les antojen, cosas que por otro lado son caras y poco recomendables para su alimentación, y por otro, quizás lo más importante, es que hacer la compra es una cosa bastante aburrida para ellos.
Lo de sentarse en el carrito tiene su gracia el primer día, incluso los primeros minutos, pero estar ahí, encajado y sin poderse mover, no es algo que mi superamor disfrute mucho tiempo. Bajarle del carro es un error que cometimos un par de veces y nunca más.
Pensando, pensando lo único que se me ocurrió ayer fue hacerle participar de la compra, le dábamos los quesitos, el paquete de café, el pan de molde.. cosas pequeñas o de poco peso que él mismo pudiera echar al carro. Lo pasó bien, al menos durante un buen rato, y nosotros pudimos hacer la compra más o menos tranquilamente.
Asumo que lo bueno y breve dos veces bueno, es decir, que cuando el juego deje de ser una novedad lo de echar los quesitos al carro no va a evitar protestas, pero mientras tanto aprovecho estos paréntesis en los que el niño está entretenido para seguir pensando pensando…..
Samaiaui me dio alguna idea ayer con su comentario ; )



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